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miércoles, 27 de enero de 2010

Los Socios Auxiliares

¿Quienes son los socios auxiliares?
Primeramente cada grupo de la Legión de María debe crear y mantener de derredor suyo un buen número de auxiliares. Piénsese en un regimiento de soldados bien dirigidos, valientes, perfectamente disciplinados y equipados: ¿acaso no son más que fuerzas irresistible? Y, sin embargo, ellos solos no son más que una fuerza efímera.

¿Quienes pueden ser socios auxiliares?

En calidad de Socios Auxiliares pueden ingresar sacerdotes, religiosos y seglares. Son aquellos que no pueden o no quieren asumir los deberes del socio activo, pero se asocian a la Legión emprendiendo en su nombre un servicio de Oración.

Los auxiliares se dividen en dos grados:
a. El primario, cuyos miembros están llamados simplemente Auxiliares.
b. El grado superior, cuyos miembros serán llamados más propiamente Adjutores Legionis, o sencillamente Adjutores.

¿Qué recibimos con ser auxiliares?

Por generoso que se muestre el socio auxiliar para con la Legión ésta le devuelve el ciento, el mil, el millón por uno. En esto, lo mismo que el socio activo: les revela las grandezas de María, los alista en el servicio de tan excelsa Reina, les ayuda a profesar a María un verdaderon amor; ventajas todas inmensas, que decir "el millón por uno" es quedarnos cortos en ponderar la ganancia.

¿Quién puede negar a María una ofrenda como ésta?

Ademas, Ella, que es la Reina de la Legión, es igualmente la Reina del mundo y de todo lo que el mundo encierra; por consiguiente, dárselo todo a María es darlo todo allí donde la necesidad es más apremiante, donde nuestra oración tendrá más eficacia.

Hágase socio auxiliar de la Legión de María, contáctese con un miembro o socio activo en nuestra parroquia.

Dios y María les bendiga.

sábado, 14 de febrero de 2009

Sufrimiento y Apostolado

No es para la Legión de María un gesto desprovisto de alcance ni un rito puramente convencional.

Es una bendicion de Dios que desciende sobre el Legionario y sobre el compromiso que acaba de adquirir, cubriéndolo de una armadura invisible. Sabe éste que tomar parte en el apostolado es entrar en un misterio de redencion, misterio de muerte y de vida. A cada paso y bajo mil aspectos el Legionario enlaza su vida con el sufrimiento de los demás: lo encuentra en las almas a las que se acerca en sus visitas y a las que deberá enseñar con tacto y con prudencia el secreto del sufrimiento meritorio. Aprenderá en si mismo que las almas se pagan a caro precio y, en más de una ocasión, saldrá de este combate contra el infierno fatigado y malherido.
El apostolado no es juego de niños, es una lucha, aunque espiritual, y Dios quiere que en esta lucha lo expongamos todo, hasta nuestra propia vida. Por eso el Legionario debe mirar de hito en hito a la cruz que se yergue sobre el Calvario, demandando gracia de perdón para todos los hombres.