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lunes, 21 de septiembre de 2009

Vocación-Llamada

Cada uno es llamado a hacer algo en su vida. Si una persona decide ponerse al servicio de una causa más importante que sus solas preferencias personales, se dice que responde a una vocación.

La vocación es una cierta manera de vivir la vida, comprenderla y ordenarla como un servicio. Pero la llamada- origen de la vocación- no emana de la persona. Esta sólo puede recibirla y aceptarla libremente.

La vocación es ser “llamado”, “ser llamado por” y “ser llamado para”. Esto requiere una escucha, una respuesta.

Para los cristianos, la llamada viene de Dios, de la Palabra de Cristo que invita a seguirle ya ser testigos en el mundo y en la historia. Todo cristiano- por su bautismo- está llamado a hacer de su vida una respuesta y un servicio.

“La vocación cristiana es una orientación profunda de su vida y que el creyente descubre como un don de Dios y una llamada de la Iglesia, dice Monseñor Henri Teissier, arzobispo de Alger.

Las maneras de servir son múltiples según los tiempos y los lugares y la formas de llevarla a cabo.

Cualquiera que sea nuestra vocación, somos llamados a la santidad, a participar en la plenitud del amor de Dios, a amar y a se feliz y hacer felices a los demás.

La santidad es una llamada universal dirigida por Dios a todos los bautizados. Esta vocación se recibe en el seno de un pueblo, llamado también por Dio en el transcurso de la historia. La santidad es una gracia ya dada que es preciso hacer fructificar con todos los esfuerzos que hacemos para engrandecerla con la fe y la caridad.

Entre los cristianos, algunos son llamados a consagrar su vida con un don total a Dios y al servicio de una misión como sacerdote, diácono, religioso o religiosa, laico consagrado... Es lo que se llama también “vocaciones específica” o “vocaciones particulares”.

En la Iglesia católica, el Servicio de las Vocaciones tiene por misión llamar a cada uno a que su vida se convierta en respuesta específica a la llamada de Dios, a despertar, mantener y ayudar al discernimiento de las personas que se plantean la cuestión de una vocación particular (sacerdotes, diáconos, misioneros, religiosos, religiosas y laicos consagrados).

Toda llamada, a la vocación que sea, tiene como origen Dios y como fin la realización de la persona dentro de los marcos en los cuales se puede realizar mejor su afán de ser feliz y hacer felices a los demás.

Dios da a cada uno su propia vocación para contribuir al mejoramiento de esta sociedad en la que vive. Y su respuesta y exigencia consiste en dejarla mejor de lo que se la encontró cuando empezó sus pasos por ella.

La vocación, pues, entraña una responsabilidad en el puesto que te toque ocupar en la sociedad y en la Iglesia.

Y una señal clara de la vocación cristiana es llevar una conducta intachable a los ojos de la propia conciencia, de los otros y de Dios.
Todo menos pasividad.

La vocación religiosa, una llamada atractiva

Entre no pocos cristianos cunde un pesimismo enorme respecto a la escasez de vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa consagrada.

La edad media de los consagrados a la misión evangelizadora es avanzada. Pero la Iglesia, alentada por el Espíritu Santo, saldrá de este bache más tarde o más pronto. No es la primera vez que esto sucede.

¿Qué es lo que ocurre?
1. Al joven de hoy - no a todos - no le fascina la vocación. Esto mismo le sucedió a Jesús. Los Apóstoles quedaron unidos a El por una admiración no común; habían percibido la bondad que salía de él y por eso le preguntaron:¿Dónde vives?. Y se fueron a estar con él. Hoy hacen falta sacerdotes y religiosos/as que muestren experiencias de Dios, particularmente cercanas a los jóvenes religiosos de hoy, aunque deben comprender las condiciones diarias de la relación de los consagrados con el Padre a la luz del acontecimiento de la Encarnación, liberándose de la fascinación momentánea de lo extraordinario. Hay que emplear los medios de comunicación con modelos ejemplares por su entrega y su alegría con Dios.

2. La vocación es una llamada y una gracia; está fuera de nuestras posibilidades el inspirarla y hacerla nacer.

La iniciativa es de Dios. Es una constante en la vocaciones bíblicas y lo repite Jesús: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido. Es necesario orar y trabajar, acoger y dar gracias, aún sólo por una vocación, observar y descubrir. No hay que lamentarse. Hay vocaciones.

Necesitan a personas que les hablen y que les fascine su estilo de vida.

3. La vocación es un camino estrechamente unido a la maduración en la fe, en un diálogo con Dios que dura toda la vida. La condición fundamental para que surja, dice el Rector Mayor de la Familia Salesiana, es desarrollar la vida cristiana en todos sus aspectos: verdad, costumbres, oración. Han desaparecido casi las vocaciones de carácter sociológico.

Una fuerte personalización de la fe y una vida interiormente unida a Cristo son indispensables para que maduren propuestas según la palabra del Señor.¿ Recordáis el diálogo del joven rico con Jesús? Pues bien, no basta ser honestos. Se trata de captar dimensiones misteriosas de nuestra existencia.

4, Cada uno experimenta esta llamada , porque Dios tiene un proyecto para cada persona. Es necesario que todos se hagan conscientes de ello. A nosotros nos toca ayudar a cada uno a desarrollar su vocación con un programa apropiado: para la vida laical, para el sacerdocio, la vida consagrada, la secularidad consagrada.